
Eras pequeñita. Tìmida y traviesa.
y apretabas fuerte a mamà en sus manos.
Te gustaban los cuentos
de grandes figuras y muchos colores
Y con los sucios deditos
dibujabas paisajes en la gris vereda.
Corrias ansiosa por tus hermanitas.
Papà y las ramas de àlamos nuevos
que serìan grandes cuando vos lo fueras.
Un dìa preciso, una tarde de invierno.
Miraste a tu madre
con la picardìa de todos los dìas.
Y allì estaban, pequeñas lunitas
de color plateado, nuevas, distintas.
Y cambiò la vida.
Y papà lloraba sintiendo el miedo.
Y mamà soñaba con aquel milagro
de tenerte siempre, a pesar de ello.
Te recuerdo Nati, como si estuvieras
en aquella hamaca del fondo del patio
con tu mundo oscuro, con los sueños truncos,
llamando por nombres a cada sonido
de todos los pasos, sabiendo quien era.
Armabas collares de floridas cuentas,
resbalaban tus dedos como una caricia,
reconociendo los rostros que
ahogando el llanto sonreìan tu vida.
Y asì partiste. Pequeña. Extenuada.
Dejando el vacio de cada pregunta.
En el cielo un angel que nos protegìa,
en la tierra el llanto de tantas mañanas.
Hoy en el cielo estàn trabajando.
Te hace un vestido de la blanca nube
un angel pequeño con hilos del sol.
Las estrellas brillosas revisan sus trajes
formando arabescos a tu alrededor.
De cada planeta llegan invitados
y los libros de cuentos que guarda mamà
abren apurados sus paginas viejas
y en un barrilete se suben al sol.
Hoy es tu cumpleaños, pequeña princesa.
Y los querubines te cantan el vals.
Con tu nuevo vestido, tu sonrisa dulce
y aquella mirada que allì reviviò.
Mònica Figueroa
//Natalia perdiò su batalla ante el càncer
y nos dejò su legado de inocencia y amor//
derechos reservados
año1995
















